Hoy, entre juegos, cantos, risas y uno que otro raspón, aprendí que siete en francés es sept [set]; que mi nombre y el de Albus Dumbledore tienen mucho en común, que un niño es el mejor coach que cualquiera podría tener y que las palabras son tan mágicas que con ellas puedes llamar cualquier cosa u objeto aun cuando no lo puedas ver, el secreto está en elegir las palabras correctas y elaborar con ellas el hechizo adecuado…
Llegué hasta aquí cargada de sueños y expectativas. Con sólo dos días en Ingennios, los sueños se han multiplicado mil ochomil veces, las expectativas se hicieron certezas y los aprendizajes han sido incalculables.
Vine con la idea de enseñar y el verbo que mejor he conjugado es el de aprender; y descubrir que aun cuando no tengo seis ni ocho ni diez años, la imaginación es el motor más potente y el aprendizaje no tiene límites.
¿Qué hacemos en Ingennios? ¿Qué hago yo en Ingennios? Aprendiendo a aprender…
Estoy realmente agotada, pero feliz. Ingennios y nuestros maravillosos niños me hacen feliz. Me voy a la cama con la inmensa sonrisa que el recuerdo de estos dos primeros y mágicos días me dejan y esperando ansiosamente nuestro día tres.
B.











Gracias por creer, enamorarte y apasionarte con el verbo aprender. Sin ese amor, sin esa pasión y sin esa fe, no existe ese aprendizaje.
La magos, como dice Edel, se llaman hoy poetas, niños, maestros, mamás, papás… amigos.
Disfruté mucho el rato que estuve ahí, viendo lo que son capaces de hacer los niños cuando se les permite. Regresé llena de ideas de cómo jugar con O con palabras. El seguramente pronto estará haciendo sus propios hechizos para hacer aparecer el mar o una montaña … mejor dejamos que él decida.